Existe un penúltimo caso a tratar, aunque resulte curioso, se da en muchos casos y por tanto hay que ponerlo encima de la mesa, es el “Me lo hace un amigo, o un familiar, o un vecino que sabe mucho de esto y no me cobra o me lo deja en un buen precio.”

En la mayoría de los casos el vecino, familiar o amigo no tiene la formación adecuada para hacer el trabajo, conoce un poco del tema pero en las reuniones familiares o en la piscina dice ser un experto, aunque luego no acostumbra a ser así y por tanto ante la mínima complicación técnica desiste y empieza a dar largas, total “para lo que me van a pagar”, además como suele ser un compromiso social, el llamémosle técnico, no se atreve a decir que no quiere o puede seguir y esta situación de inoperancia se alarga en el tiempo de forma casi indefinida.

Otro grupo es el de aquellos que han hecho un curso online o de los del ayuntamiento de su pueblo y utilizando los contactos te termina por convencerte de que puede y debe ocuparse de posicionamiento digital.

El problema surge cuando encuentra trabajo o cuando lo que le pides se sale de lo estrictamente, entonces desaparece, da igual lo que te haya prometido o lo que le hayas pagado que desparece de tu vida como si se fuera a otro planeta.

A partir de ese momento surge la falta de confianza en la empresa contratada para hacer la web, porque, como ya hemos ducho, hay casos en los que el empresario ya ha sufrido un intento o más fallidos y por tanto es reacio a volver a intentarlo, ya lo dice el refrán, “gato escaldado, del agua fría huye”.